La muerte de mi padre fue aún más inesperada. Mi padre no era ni músico ni alguien famoso, tenía bastantes imperfecciones, pero ¿quién es perfecto? Me acuerdo de que cuando era niño me levantaba y me daba vueltas. Hacía que me diera todo el viento en la cara como si estuviese volando. Era algo espectacular.
Siempre me acuerdo de un día cuando íbamos caminando por el parque. Había un sol radiante, era muy temprano todavía como para dar un paseo matutino. De pronto, vino mi padre con un barrilete y me dijo que lo hiciera volar. Después, sacó otro barrilete y me apostó que el suyo le ganaba al mío. Siempre me decía que sentir el viento era algo mágico, que no se imaginaba el mundo sin él. A mí nunca me gustó mucho el viento, pero sí me gustaba pasar momentos con mi padre.
Un día, mi padre tuvo un accidente y lo tuvimos que llevar al hospital. Yo no entendía mucho porque era apenas un niño. Pensaba que no era algo grave y que pronto volvería a casa. Los doctores hablaban con mi madre pero no dejaban que yo escuchara.
Pasaron los días y ya se había puesto mejor, ya podía entrar a verlo y jugar con él.
Nunca me dijo que moriría pronto. Aún cuando estaba en la cama del hospital con tubos por todo el cuerpo no me dijo ni una palabra al respecto. Mi papá hacía planes para el próximo año aunque ya no estaría entre nosotros el próximo mes. El año siguiente iríamos a pescar, viajaríamos, conoceríamos lugares en los que nunca habíamos estado. El próximo año sería maravilloso. Ese era nuestro sueño.
Creo que él pensaba que algo así me daría suerte. Hacer planes para el futuro era su forma de mantener la esperanza. Me hizo reír hasta el final. Él sabía lo que debía suceder, pero nunca me dijo nada. No quería verme llorar.
Un día mi madre llegó por mí a la escuela, de repente y luego fuimos al hospital. El doctor le dio la triste noticia con toda la delicadeza que pudo. Mi madre se echó a llorar, le quedaba una pequeñísima esperanza. Yo estaba en shock, grité lleno de ira hasta que entendí que mi papá realmente ya no estaba entre nosotros. Luego también me puse a llorar.
Ese día no había viento. Era como si lo que mi padre había dicho, se hubiera cumplido, como si el viento hubiese desaparecido o se hubiese escondido en algún lugar muy lejano a mí. Los pájaros no volaban, las ramas de los árboles no se sacudían. El viento que tan feliz nos había hecho a mi padre y a mí con los barriletes, la brisa en el rostro, habían desaparecido. El viento también estaba triste por mi pérdida.
Lloré todo el día y toda la noche. Esa misma noche un fuerte viento entró por mi ventana y sobre mi cómoda, un sobre que decía:
"Hijo:
Si estás leyendo esto significa que estoy muerto. Lo siento. Yo sabía que esto pasaría. No quería decírtelo, no quería que lloraras. Creo que una persona que está tan cerca de la muerte tiene derecho a ser un poco egoísta. Quiero que sepas que ahora estoy en un lindo lugar, que siempre cuando sientas una brisa por tu cara, soy yo dándote una señal de que estoy al lado tuyo.
Te amo, hijo."
Al día siguiente, visité la tumba de mi padre y susurré:"Papá, lamento no tenerte más conmigo. Yo también te amaba y aunque nunca te lo dije, ahora comprendo la importancia de decir "te amo" a tiempo. Perdoname por haber guardado silencio tantas veces."
En ese instante, las copas de los árboles se mecieron suavemente, cayeron algunas hojas y una suave brisa acarició mis mejillas. Entre sollozos, sonreí, alcé mi mirada al cielo, sequé mis lágrimas, me levanté y dije en voz alta : "Gracias. Yo tampoco quería que desapareciera el viento porque sería como perderte otra vez."
Ezequiel Martínez- 4to B- T. Tarde







