lunes, 7 de septiembre de 2015

El cargador del arma se activa una vez mas y yo simplemente no creo estar lista para hacer esto. Mi teléfono vibra en el bolsillo trasero de mi pantalón por enésima vez, pero simplemente me limito a ignorar el molesto simbron en mi pierna izquierda. Tomo una inspiración profunda y trato de prepararme mentalmente para lo que sigue.

Uno.


Dos.


Tres.

-¡Hazlo! Jala el gatillo de una puta vez -la voz de Erick rompe el silencio tomándome por sorpresa y provocando que un pequeño grito se escape desde el interior de mi garganta .


Mi mente grita que debo hacer lo que Erick dice, que debo actuar pronto. Pero mi cuerpo al contrario parece rehusarse a emitir un mínimo movimiento.

-No puedo -susurro para que nadie pueda encontrarnos-. Tengo miedo yo...


-Sabes tanto como yo que quieres hacerlo Beth, no trates de engañarnos.


Puedo sentir sus pasos acercándose cada vez más y se que no tenemos mucho tiempo antes de que nos encuentren y acaben con todo esto de una vez.

No queremos hacerte daño. Solo venimos a ayudarte.


La voz de la Sra. Robbets resuena en lo más profundo de mi mente y estoy a punto de echarme a llorar. Ellos solo quieren separarnos, dicen que estoy loca pero no es así. Ellos no saben nada, no saben absolutamente nada.


-¿Beth? -puedo distinguir como el particular tono de voz de la Sra. Robbets llama desde la planta baja-. Beth, cariño sal de donde quiera que estés. No te aremos daño.


-No la escuches, Beth mírame -los intimidantes y grisáceos ojos de Erick se fijan en los míos antes de pronunciar aquellas palabras-. Si haces esto estaremos juntos para siempre. No te dejare nunca.


-¿Lo prometes?, ¿prometes no dejarme como ellos lo hicieron?


-Lo prometo. Ahora hazlo.

Asentí lentamente antes de sacar el seguro del arma y colocarla justo sobre mi sien.


Uno.

Dos.


Tre... La puerta de mi habitación es abierta de manera tan violenta que puedo asegurar que la madera de la misma a llegado a quebrarse.


Erick se encuentra sentado a mi lado, entre las prendas de ropa que cuelgan de mi armario y parece tranquilo, como si en realidad no le afectara en lo mas mínimo que estuviesen a punto de encontrarnos.

-Erick -murmuro tratando de llamar su atención-, Erick creo que van a encontrarnos.


-Lo harán -respondió de la manera mas fría y calculadora posible-. Pero solo a ti.


Iba a preguntarle a que se refería con eso, pero todo sucedió demasiado rápido, las puertas de mi armario fueron abiertas de par en par y la imponente figura de un oficial de policía apareció en mi campo de visión. Y lo hice, apreté el gatillo y aquel disparo resonó en lo mas profundo de mi mente.

Observe a Erick levantase del frió suelo del armario y caminar hasta el moribundo y flácido cuerpo del oficial antes de fijar su mirada en mi.


Una cínica y diabólica sonrisa comenzaba a formarse en la comisura de sus labios y por un momento fue reconfortante la forma en la que lo hizo. Pero a la vez una voz en mi interior gritaba que el era la perdición y el infierno en persona. Era mi propio infierno personal pero también la única persona que había estado a mi lado desde que tengo uso de razón.

La voz de la Sra. Robberts me saca de mis pensamiento trayéndome nuevamente a la realidad. Los oscuros ojos de mi psicóloga viajan desde el cuerpo inmóvil del oficial así mi y de nuevo así el oficial.


-Yo... -trato de hablar pero Erick niega con la cabeza en mi dirección.


-Beth, ¿que acaba de hacer? -puedo distinguir como el terror se filtra en el tono de su voz pero aun así trata de parecer tranquila. Su mirada se fija justo a donde Erick se encuentra parado y se queda unos segundo ahí, antes de posarla en mi nuevamente.


Se que no tengo muchas opciones. Así que mi mente se debate entre matarla y huir de aquí, oh dejarme llevar por la policia. La guerra interna que se desata en mi cabeza me confunde pero lo peor llega luego, cuando la culpabilidad y la realidad detonan en mi sistema, logrando que mis ojos se llenen de lagrimas.

Arrojo el arma fuera de mi alcance y me levanto del frió suelo de mi habitación cuando soy realmente consiente de lo que esta sucediendo.

-Y-Yo no fui -dije llevando mis manos a cada lado de la cabeza y tapando mis oídos. Podía sentir como la retorcida y escalofriante risa de Erick resonaba en mi mente una y otra vez-, él me obligo él, yo no, quiero decir.


-Beth, Beth mírame -la voz de la Sra. Robbets se escucha lejana y algo distorsionada pero me rehúso a alejar las manos de mis oídos-. Escúchame debes tranquilizarte, ¿esta bien? Solo relájate.

Mi respiración se vuelve entrecortada y las lagrimas en mis ojos hacen que todo se vea de una manera borrosa y difusa. Aun así puedo distinguir la sonrisa de Erick antes de que comience a hablar. 


-¿Sabes lo que sucederá ahora, no es así? -dejo caer ambas manos a mis costados y observo a Erick con el ceño fruncido-. Iras a prisión y te tomaran por loca -su sonrisa crece a medida que dice aquellas palabras y la ira inunda cada parte de mi sistema. 


-¡Esto es tu culpa! -grito en su dirección mientras acorto la poca distancia que nos separa-, todo esto paso por que decidí escucharte juro que...

-Beth, nena -la voz de mi psicóloga me interrumpe, en plena oracion-, ¿con quien estas hablando?


Emilce P. de León. 07/09/15


                        

martes, 1 de septiembre de 2015

"Una noche de verano sumamente calurosa, una noche de fines de diciembre, salí a tomar aire afuera de la cabaña que ocupaba temporariamente.
La noche era apacible y hermosa. A mi alrededor todo era quietud y en el aire flotaba un no sé qué extraño y fascinante. El cielo estaba totalmente despejado y me pareció un océano lleno de misterios..." Mirar la luna- Adela Basch

Algunos me creerán y otros pensarán que estoy loco, pero lo que viví esa noche fue inesperado. No estaba borracho, ni alucinando, pero desde el océano salían sirenas y luces a su alrededor. 
Me acuerdo que comenzaron a cantar y yo sin control de mi cuerpo me dirigía  hacia el océano. Una vez adentro, la vida era increíble: había muchos peces y personas acuáticas que nunca pensé que iba a ver. Eran todos muy amables y entendía su idioma. Lo que no sabía y me preguntaba era para qué me querían, qué necesitaban de mí y si iba a volver a mi vida común...aunque para ser sincero, era mejor esa vida que en el exterior.
Tomé valor y pregunté. De repente, todo se puso negro y aparecí en la cabaña.
Lo ocurrido me parecía raro y no entendía nada, pero sólo yo sé que lo que viví fue cierto y mágico. Nunca se sabe qué puede pasar en una noche de verano.

Leandro Zeballos- 4to A T:M:
¿Por dónde empiezo a contar esta historia?¿Por la maldición del viejo loco? ¿Por el día en que la plaza comenzó a caerse a pedazos? ¿O por cuando mi nombre salió en todos los diarios del país? Mejor no hago tanto lío, porque no van a entender nada.Trataré de empezar por el principio..." XVZ: archivos ultrasecretos- Martín Blasco.


Empiezo en cuando rompí el espejo del auto con el fútbol.No sabía qué hacer porque había quedado colgado y además, la alarma del auto empezó a sonar. De un momento a otro, salió un viejo gritando y corriéndonos con un palo.
A dos cuadras, dejó de corrernos y se cayó. Dejó de moverse. Nosotros aprovechamos  para irnos.
Al otro día, viendo el noticiero, apareció la noticia de un señor que había muerto por correr a unos chicos..."


Todo comenzó un 27 de agosto de 1985, cuando un grupo de amigos se encontraban en la Plaza Central de Rosario. Festejaban su egreso cuando todo se fue de control por el exceso de alcohol. Comenzaron los problemas con un anciano de unos ochenta años, que comúnmente cada tarde se sentaba a darles comida a las palomas.
Siempre se rumoreó que era un brujo transpi, uno de los más antiguos del país. 
El grupo de amigos no tuvo mejor idea que molestar al viejo,enfureciéndolo. El brujo , fastidiado y desentendido por lo que sucedía, tiró una maldición a los chicos de que nunca tuvieran suerte en su vida y, por otro lado, tiró un hechizo a la plaza que...de repente...¡comenzó a caerse a pedazos!
Horas después, los vecinos no entendían qué sucedía y la ciudad se convirtió en una verdadero desastre.
El grupo de amigos, tras recuperar el sentido, se arrepintieron de lo que habían hecho y le suplicaron perdón al brujo.
El hechizo se revirtió y todo volvió a la normalidad.
Hoy se sigue rumoreando que en realidad ese brujo nunca más apareció y era supuestamente, alguien conocido como "Dios".

Luciano Rivero -4to A- T.M