Citó una voz ronca, obligando a Venecia a levantar la mirada de su libro. Frente a ella se erguía la pequeña figura de un hombre de mediana edad, con unos enormes lentes negros y cargando un bastón en su mano izquierda.
-Es un gran libro -dijo el anciano acercándose un poco mas a ella.
-Ya lo creo -sonrió la joven-. No podría decirle la cantidad de veces que lo he leído.
El hombre de cuyo nombre aun no sabia, hizo un gesto con la mano libre, como pidiendo permiso para sentarse a su lado. Y sin pensarlo demasiado Venecia se hizo a un lado dejando gran parte de la banca de aquel parque, vacía para él.
-¿Me harías un favor, niña? -la joven lo miro curiosa y asintió rápidamente, recibiendo una torcida sonrisa de su parte-. ¿Podrías leer para mí?
Venecia algo sorprendida por la pregunta, se tomo unos segundo para procesar las palabras de aquel desconocido. No le molestaba en lo absoluto leerle a aquel hombre, si no que simplemente jamas creyó que alguien le pidiese algo parecido.
-Mi nieto -hablo el hombre al ver que ella se había quedado en silencio-, mi nieto solía leerme hace ya varios años. Luego creció y creo que ya no tuvo tiempo para estar con este anciano.
Aun confundida y conmovida por la extraña confesión del hombre, la joven simplemente se limitó a mirar el libro entre sus manos y retomar su lectura.
-"Y debo decir que confío plenamente en la casualidad de haberte conocido -comenzó a leer-. Que nunca intentaré olvidarte, y que si lo hiciera, no lo conseguiría. Que me encanta mirarte y que te hago mío con sólo verte de lejos. Que adoro tus lunares y tu pecho me parece el paraíso. Que no fuiste el amor de mi vida, ni de mis días, ni de mi momento. Pero que te quise, y que te quiero, aunque estemos destinados a no ser " -concluyo al sentir la voz de aquel hombre de pelo blanco y cálida sonrisa interrumpirla.
-Amanda, ella amaba esa parte -dijo sin despegar la mirada de la gente que pasaba frente a ellos-, mi esposa solía dedicarme esa parte -Venecia observo como una triste y nostálgica sonrisa se formaba en los labios de aquel anciano.
-Era un muy bonito gesto el de su esposa -respondió-, dedicarle aquel pequeño fragmento.
-Lo era -contesto con suavidad-. Recuerdo que yo solía dedicarle al igual que ella lo hacia conmigo, pequeñas partes de libros que me gustaban.
Al oír aquellas palabras Venecia no pudo reprimir la enorme sonrisa que la asalto de repente. Pensó que era algo cursi, pero hermoso a la vez. Dos personas dedicándose pequeños fragmentos o simples frases de sus libros preferidos.
-"Te quiero como para escuchar tu risa toda la noche y dormir en tu pecho, sin sombras ni fantasmas, te quiero como para no soltarte jamas" de Mario Benedetti -dijo el anciano-, eso fue lo primero que le dedique a Amanda -sonrió a la nada-. Mi nieto, Tomas, él solía reírse decir que eramos muy cursis.
Venecia se unió a la sonora carcajada de su acompañante de banca. Aun que le daba cierta razón al nieto de aquel hombre, a diferencia de él, ella creía que era una forma muy romántica de demostrarse cariño.
-Hablando de mi nieto -soltó el hombre entre risas-. Ya tendría que estar aquí, él dijo que pasaría por mi para ir a tomar un café y luego iríamos a la florería para comprar las begonia amarillas que a mi mujer tanto le gustaban -recordó-. Ese niño siempre tan impuntual.
Venecia al oír aquellas palabras sintió como su corazón se encogía de ternura. Pensó que quizás si su abuelo estuviera con ella, al igual que como ese extraño, le contaría aquellas maravillosas historias de su juventud y podrían discutir sobre libros, política o simplemente tomar un café.
-¡Hasta que te encuentro! -exclamaron de repente, logrando exaltar a Venecia-. ¡Te he buscando por todos lados, abuelo!
Venecia observo curiosa al joven que se erguía de manera imponente frente a ambos. La rafa de viento azotaba su pelo de manera descuidada y la blancura de su piel lograba que lo oscuro de sus iris resaltara de una manera exageradamente llamativa. Por alguna extraña razón reconoció aquel rostro.
-Tomas -dijo el anciano-. Compórtate hombre, no ves que estas al frente de una señorita -lo regaño.
Venecia aun si despegar la mirada del sujeto diviso como fruncía el ceño de manera exagerada sin entender lo que el pequeño abuelo a su lado le estaba diciendo, por lo que decidió aclarar su garganta como modo para llamar su atención.
El roce de sus miradas no duro tanto como a ella le hubiera gustado, pero fue suficiente para recordar aquellos ojos negros por mas tiempo del que Venecia quizás pudiera admitir.
-¿Y bien jovencito donde están tus modales? -el hombre a su lado rompió el silencio que los cubría con otro reproche hacia su nieto.
-Oh, si, lo siento -dijo el joven-. Soy Tomas, un gusto -extendió su mano hacia la joven esperando pacientemente a que esta le correspondiera el saludo.
-Venecia -respondió estrechando la mano de Tomas.
Y aquel mínimo contacto encendió algo dentro de ambos. Algo que no iban a ser capaces de explicar jamas, algo tan extraño como atrayente. Pero no fue hasta que su acompañante de banca hablo, que soltaron sus manos.
-Bien -dijo el anciano levantándose de la pequeña banca con ayuda de su bastón-. Fue un placer haberla conocido señorita Venecia -sonrió el abuelo en su dirección.
-El gusto fue todo mio señor -sonrió la joven.
-Adiós Venecia -dijo Tomas recibiendo una tímida sonrisa por parte de ella-. ¿Listo abuelo? -pregunto el joven tomando el brazo libre del anciano para comenzar a caminar.
-Claro -respondió, mientras empezaban su camino a paso lento y tranquilo.
Venecia dispuesta a tratar de olvida la extraña sensación que le había provocado aquel joven decidió retomar su lectura cuando sintió una familiar voz llamarla. Viéndose obligada ha levantar la cabeza nuevamente en dirección al dueño de la voz.
Vio con el pequeño anciano caminaba nuevamente en su dirección, dejando atrás a su nieto para llegar una ves mas al frente de ella, como en un principio y decir; -"Un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas"
Emilce Ponce de León // Julio 12/07/15
Hermoso, Emilce!!! Valía la pena esperar a que las ideas vinieran!!! Felicitaciones!!
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