Ni una más. Manos. Manos grandes y fuertes ejerciendo presión en su blanco y frágil cuello. La piel descubierta de sus brazos estaba adornada de grandes y horribles hematomas. Su cuerpo cubierto de hojas y barro seco, arruinaban la tela color celeste de su vestido. Aquel vestido que a él tanto le gustaba. Era de él, ella le pertenecía, tanto en cuerpo como en alma. No la dejaría nunca y si eso implicaba tener que hacer sacrificios, los haría.
Un quejido adolorido casi moribundo salió de sus labios, antes de que sus grandes y oscuros ojos se cerraran para siempre.
"Te amo" susurro él antes de alejar por completo sus manos de ella. Las marcas oscuras de su cuello eran imposibles de ocultar, al igual que las de sus manos, ahora manchadas de sangre. Una sangre inocente y pura.
Sirenas se oían a lo lejos y sabía que ya no había nada más que hacer. Ella no estaba y él pronto desaparecería. Tomó el arma de su cintura y se la llevó a la sien...
Emilce P.de L- Mayo 2015
Qué buen texto, Emilce. Ideal para las vísperas de una marcha como la de mañana.
ResponderEliminarQué buen texto para esta temática tan actual!!!
ResponderEliminarHermoso, felicitaciones!!
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